La vez que casi pierdo una venta por ser demasiado sincero

No todas las historias inmobiliarias terminan con brindis y escritura firmada. Algunas duelen un poco… pero también enseñan mucho.

Hace poco, una señora de la Ciudad de México me contactó interesada en un departamento en Cancún. Buscaba inversión. El desarrollo sonaba bien, el precio era atractivo, y yo podía haber cerrado la venta en una sola visita.

Pero le dije la verdad.

Le conté que ese proyecto, aunque bonito, estaba ubicado en una zona con riesgo de ruido nocturno constante por bares cercanos. Que el acceso era limitado en horas pico. Que aunque la plusvalía era buena, el perfil de inquilino probable era más turístico que familiar, lo cual afectaba el tipo de renta.

Me agradeció… y desapareció.

Un mes después, volvió a escribirme. Había investigado por su cuenta y confirmó lo que yo le había dicho. Ahora quería que le recomendara otro lugar. Terminó comprando en un residencial con menos ruido, mayor demanda de renta fija y plusvalía real.

Esa venta se retrasó, pero hoy esa clienta me recomienda con todos sus conocidos. Y ese es mi negocio: relaciones a largo plazo, no comisiones urgentes.

¿Por qué te cuento esto?
Porque si estás buscando alguien que te diga solo lo que quieres escuchar, ese no soy yo. Pero si quieres alguien que te hable claro, incluso si pierdo la venta… aquí estoy.

¿Quieres que te diga si tu idea inmobiliaria es buena o no? Envíame un mensaje y dime lo que estás pensando hacer. Te contesto, aunque no me vayas a comprar.

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